EL CHICHE,DE CAÑITAS,

La imagen es de una de las tarjetas de "presentación" que mis padres mandaron a imprimir cuando nací.


Estamos sobre una nave espacial (el planeta Tierra) que gira a 1660 kms por hora, en sentido oeste- este
El sentido contrario a las agujas del reloj. ¿El tiempo vá en esa dirección? Oeste-este...
Mi corazón está en mi oeste.
El sur está tan despoblado…

EL CHICHE ,DE CAÑITAS

domingo, 24 de enero de 2010

El nombre de mi "blog".




Me decían "Chiche" y vivía en el barrio de Las Cañitas, en la calle Soldado de la Independencia entre Matienzo y Jorge Newbery.
Frente a casa había un stud. Muy temprano en la mañana, y al atardecer, sacaban a "varear" a los caballos. Un peón los paseaba cadenciosamente sobre las calles empedradas del barrio.
A una cuadra estaba el Club Hipico Militar al que los pibes nos colábamos para ver los saltos.
Yo solía jugar en el jardín de casa poniendo una escoba entre dos sillas a manera de valla que debía saltar unificando en mi galope a caballo y jinete.
Conservo una cicatriz en mi rodilla derecha recuerdo de un mal salto.
Cañitas es Mi Barrio, el que llevo en el alma, el que me "formó", a cuyo recuerdo acudo cuando trato de buscar el significado de las palabras patria, arraigo, identidad.
En Cañitas me dieron la primera piña. El primer beso.
Desde Cañitas ví a lo lejos las columnas de humo que se levantaban por las bombas arrojadas por los Gloster Meteor sobre Plaza de Mayo en junio de 1955 .
En Cañitas pintamos los árboles con cal para que no nos agarrara la poliomielitis, primer ataque de la muerte a mi generación. (Luego vendrían otros frente a los que de nada valdrían bolsitas con alcanfor colgadas del cuello,como las que usábamos en aquellos días para defendernos del virus que podía dejarnos rengos o mandarnos a un pulmotor... )
"Cañitas", se llamaba así por la cantidad de cañas "Tacuara" que había en los baldíos que cuando mi familia se mudó allí, todavía se defendían de la construcción de monoblocks habitados por militares.
Mi primer amor fué la hija de un Coronel.
Hasta conocerla a ella yo quería ser ingeniero aeronáutico.
Como dijo Antonio Porchia: "Herir al corazón es crearlo".
Ella lo hizo.
El adolescente herido comenzó a escribir cartas de amor.Se olvidó de los aviones.
Siguió escribiendo cartas de amor aún después de que ella se mudara a otro barrio.



viernes, 22 de enero de 2010

Homenajes.






Esta sección de mi blog son actos en homenaje a...
Lo menos parecido a "minutos de silencio", todo lo contrario. Recuerdos de seres que quiero y han dejado de frecuentar el barrio.
Iré agregando.

HUGO SOTO
Actor, artista plástico.

Protagonizó entre otras películas “Hombre mirando al sudeste” y Ultimas imágenes del naufragio”. Este escrito fue publicado en el diario Pagina 12 en ocasión de su fallecimiento,en agosto de 1994,a la edad de 44 años.


Los enfermos con creyeron en la muerte de Rantés…”

(“Hombre mirando al sudeste” 1986)


“Todos somos “enfermos terminales”.

La conciencia de esta verdad puede paralizar de miedo,o ayudar a tener una vida mas plena.

Hugo fue de estos últimos.

Aprendí mucho siendo testigo de su lucha.

“A mí me vá a salvar el arte” le oí decir tantas veces. Esa certeza le daba fuerzas para desarrollar una actividad que agotaría al más “sano” de los humanos.

Ese amor a la vida le permitió vivirla en el último tramo,con más goce y menos culpa que nunca.

“Estoy fantástico. He aprendido a vivir sin rencor y sin melancolía. Antes,por ejemplo, no soportaba la los atardeceres del domingo Ahora los agradezco…”

A Hugo Soto lo amaron y seguirán amando millones de personas en los lugares más dispares del mundo.

Robert Redford me dijo una vez: … “Es un actor de cine privilegiado. Porque con ese rostro se nace. Te envidio por haber encontrado un actor con esa máscara…”

Sin embargo, mientras era amado más allá del “cholulismo”,Hugo estaba encerrado en su propia cárcel,totalmente solo.

Hugo Soto fue un angel que para escapar del infierno de la realidad no tenía mas salida que el arte. Como tantos.

El la encontró.

Nos despedimos más o menos un mes antes de su muerte.

Estaba con una llamativa paz.

A veces cerraba los ojos y sonreía.

Quizás recordara. Quizás estuviera empezando a saber cosas que hasta entonces solo había sospechado.

Cuando salí de su departamento lloré por primera vez en todo este tiempo.

Lo que sucediera después de esa despedida sería solo una anécdota. Una noticia.

Eso que finalmente sucedió.

Los rituales sociales de la muerte siempre me fueron ajenos.

Sus otros seres queridos quizás entiendan por qué no presencié ningún “velorio”,ningún “entierro”.

Las cosas con Hugo han cambiado,pero no en el sentido que esas ceremonias querrían convencerme.

Si me resulta increíble la idea de que Hugo no vá a estar más,por algo será.

Hace tiempo sé que si estuviéramos más atentos a esas sensaciones, seríamos personas mas sabias y felices.

Esas sensaciones también me dicen que el alma de Hugo posiblemente esté a estas horas berreando en una nursery de alguna parte del mundo. En otro cuerpo. Con otro nombre. Quizás con otro sexo.

Y algún día esa nueva persona se enfrentará con una vieja película argentina, y sentirá una inexplicable emoción cuando un tal Rantés lo mire desde esa pantalla que es, hasta aquí, la más formidable arma para vencer a la muerte.

En eso no nos equivocamos Huguito.

Sé que con lo curioso que eras,no irías a perderte justamente ciertos “detalles” de tu “fallecimiento”.

Sé que te estás cagando de risa de los cables que hablan de la ”irreparable pérdida”, sé que debés estar puteando entre otros al imbécil de un “prestigioso matutino argentino” que llamó ayer por la tarde y le preguntó a mi secretaria si “conocía el diagnóstico” (sic).

Creo que supiste cuánto te quise.Y eso me permitió a mí tambien despedirme en paz.

Sé que sentiste el amor de tantos y que ese amor te dio paz en los difíciles momentos del “tránsito”.

Sé que estás sabiendo ahora de esto que escribo.

No en “el cielo”.

Acá no más.

Muchos,gracias a Dios, sabemos dónde es eso.

Tomate un descanso.Es jodido para los que te vamos a extrañar.

Pero no voy a cometer, a esta altura de mi vida, la torpeza de pensar que te has acabado.

Un beso.

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El Sapo Cativa.
Comediante. Humorista.Contador de chistes.
Cordobés.

Lo ví un día contando chistes en un programa de televisión.
Me enamoré de su cara,de su picardía, de su ternura.
Me dije: me gustaría filmar con ese tipo...
Años después surgió la ocasión y encarnó al payaso "Paparulo" en "El resultado del amor".
Le enseñaba "trucos" del oficio al personaje de Sofía Gala Castilione, a cambio de que ella "le mostrara las tetitas"...
Un día la echaba de su lado porque no quería que lo viera morir.
El Sapo también estaba muy enfermo, como su personaje. Tuve que cancelar algunas escenas y entre toma y toma se conectaba a un tubo de oxígeno que teníamos junto a la cámara.
Un sábado regresé de algún viaje y encontré en el contestador telefónico de mi casa un mensaje del Sapo diciéndome que estaba en su casa en Córdoba, que se sentía muy bien y que pronto podría viajar a Buenos Aires y se tomaría unos vinos conmigo.
"Llamame"... era el final del mensaje.
Pensé: después lo llamo.
Y me olvidé . Pasó el fin de semana.
El lunes me llamaron de una radio de Córdoba para que les contara alguna anécdota del Sapo. Alguna anédota? pregunté desconcertado.
La periodista entonces me dió la noticia: ..."¿No te enteraste? El Sapo murió ayer..."

"Después lo llamo..."


A esta foto,que tengo enmarcada en mi oficina, le puse como epígrafe:
Sapo Subiela-Eliseo Cativa.
Estamos en un descanso en la filmación de "El resultado del Amor" 2007.

Con Sofía Gala Castiglione en "El Resultado del Amor"

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Carlos Blanco
Publicitario, productor, atorrante.


Heredó del famoso productor teatral Carlos A.Petit la "cama pirañera" que luego me "regaló" a mí y usó Oliverio en "El lado Oscuro del Corazón".
Trabajamos juntos muchos años en una agencia de publicidad que se llamaba Radiux Publicidad. El era Director del departamento de Producción de la agencia y yo redactor primero y luego Director Creativo.
Eran los años "dorados" de la publicidad argentina. En el departamento de Arte estaba Carlos Gorriarena. En la redacción,conmigo, entre otros, Alberto Ure y recuerdo alguna colaboración de Paco Urondo.

Carlos vivía solo en un departamento de cuatro ambientes en el que lo único que había era una gran cama (pirañera) y un poderoso equipo de música. Junto a la cama de dos plazas había una mesita de luz sobre la que apoyaba el infaltable vaso de whisky , los Marlboro,el encendedor Dupont de oro y la cajita plateada con la cocaína.
Sin embargo a Carlos o le fallaba la "cama pirañera" o no se atrevía a usarla. Porque las mujeres solían "demorársele" en el departamento despues de una noche de amor.
Entoces él llamaba por teléfono desde el trabajo,y si atendía una voz de mujer, no volvía a su departamento. Se iba al Hotel Plaza Francia,desde donde seguiría llamando a su departamento hasta que nadie atendiera.
Algunas noches cenábamos en lo del "Gordo Angiola", un bodegón en el "bajo",frente a donde luego estuvo el Ital Park.
Yo era "adicto"a la "Provoleta al infierno", una provoleta acompañada por un huevo frito, un ají muy picante y pimienta. Pero lo que más me atraía de esas comidas, era la compañía de los atorrantes amigos de Carlitos. Un lumpenaje muy especial entre los que había actores desocupados,músicos de rock, pungistas, dos que se hacían pasar por un service de electrodomésticos para robar heladeras y lavarropas,putas profesionales que a nosotros no nos cobraban, y alguna vez caían invitados especiales como el "Negro" Edgardo Suarez,locutor prominente de aquellos años 70 y también querido amigo, alguna que otra secretaria ejecutiva que "robábamos" de la agencia. Ese era el "séquito" de Carlitos,que algunas veces lo seguía hasta su casa para prolongar el jolgorio en interminables sesiones de whisky y cocaína de las que yo no participaba porque me daban miedo.
Un día con Carlos creamos una Productora de comerciales que se llamó "Rata Films"
Hacíamos las películas para clientes de la agencia (PhilipMorris,Sony, etc) cuyos guiones escribía yo y luego dirigía.
Hacía poco que había vuelto de mi "iniciático" viaje a Cuba. Comencé a psicoanalizarme y me fuí a vivir solo a un departamento en Primera Junta que compré pagando centenares de cuotas de 40 pesos, que era menos de lo que hubiera salido un alquiler.
Era un departamento de dos ambientes .
Con los comerciales ganábamos mucho dinero. Yo tenía una cupé Torino preciosa.
Carlos se ocupaba de la producción y de la administración. Yo siempre fuí un desastre con el dinero.Lo único que supe fué gastármelo.
Cierta tarde Carlos me dice en la agencia: ¿Qué tenés que hacer cuando salgamos? ( el horario de la agencia terminaba a las 6 y media de la tarde)
-Nada por?
-"Acompañame a un lado. Quiero mostrarte algo..."
Me llevó a un edificio de lujosos departamentos que estaban terminando de construir en la calle Céspedes al 2500, en Belgrano.
Era un departamento de 4 ambientes,escritorio,cochera,baulera...
-¿Te gusta? me preguntó Carlos.
-Sí claro, es precioso. ¿Querés comprarlo? le dije.
-Es tuyo. Te lo compré con guita que te fuí sacando sin que te dieras cuenta.
No ves que sos un desastre con la guita gallego..."

Después me mudé a ese departamento con Mora,mi esposa hasta hoy, una de aquellas secretarias que habíamos invitado a Angiola...

Me fuí de la agencia.
La productora dejó de funcionar.
Carlos se fué a vivir a Punta del Este.
Lo último que supe de él fué que vivió algún tiempo con una mina a la que un día echó
porque se sentía muy mal y no quería que lo viera morir.
Estuvo varios días en la morgue de un hospital sin que nadie reclamara su cuerpo.

Le debo una pelìcula que algún día haré.

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LOLA

Perra.

Basset Hound pura.

Maloliente , pachorrienta y seductora irresistible.

Un día descubrimos que cuando oía determinada música ( Vivaldi,Piazzola) se acoplaba acompañándola con su aullido melodioso.

En casa sospechábamos que en otra vida había sido cantante lírica.

Capaz de cualquier cosa con tal de que la quisieran.

Inclusive trabajar como actriz en una película mía.

Fue la perra cantora en “Pequeños Milagros” ( 1997).

En 2002 yo estaba viviendo en Stanford,California.

Recibí el llamado de unos de mis hijos desde Buenos Aires, contándome que Lolita se había quedado dormida.

Fue “fiaca” hasta para morirse.


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Lola con Antonio Birabent en "Pequeños Milagros"-------------

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Tincho.
Zabala. Lo quise desde el barrio, cuando lo veíamos en la tele con Marianito Bauzá.
Me dí el gusto de trabajar con él en "No te mueras sin decirme adónde vas".
Cada jornada de filmación con él era una fiesta. Andaba siempre con un paquete de pastillas de mentol muy fuertes,para usarlas en caso de que tuviera que practicar sexo oral: decía que el mentol le adormecía la lengua y entonces las mujeres se volvían locas de placer... Todos los días me enseñaba su paquete y me decía: " Nene...¿Tenés nó?..."
Lo pongo en la lista de cosas que tengo que agradecerle al cine.

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Paco

Francisco Rabal.

Había trabajado en algunas de las películas que amaré toda la vida..

Era parte de lo mejor del cine del SigloXX.

Y así,”de pasada”, había protagonizado algunas de las mejores películas de la historia del cine argentino: “La mano en la trampa” de Leopoldo Torre Nilsson,

“Hijo de Hombre “ de Lucas Demare.

Personalmente recién lo conocí en el Festival Internacional de Montreal en 1991, donde yo competía con “El lado oscuro del Corazón” y él era jurado.

Ese fue uno de los festivales que recuerdo con más regocijo.

No sólo porque ganamos el Grand Prix si no porque se dio la muy feliz circunstancia de que pudiéramos viajar parte del equipo que participó en la película:

Marcela Saenz ,la compaginadora, Carlos Abbate el Director de Sonido, Hugo Colace el Director de Fotografía.

Parecía que de antemano sospechábamos que ese festival iba a ser uno de los acontecimientos cinematográficos más felices de nuestras vidas.

Y lo fue.

Todos nos hicimos amigos de Paco ,como si nos conociéramos desde hacía mucho.

Apenas estuvo frente a Marcela Saenz , Paco la sorprendió con un inapelable: “Que bonitas piernas tienes Marcela…”

A partir de allí en cada ocasión que nos encontrábamos ( siempre junto a la barra del bar, por supuesto ) Paco la ruborizaba haciéndole una entusiasta aclaración : …”Mira que todavía follo Marcela…”

El penúltimo día del Festival, previo al anuncio de los premios, todos nosotros decidimos irnos a la bellísima ciudad de Quebec, cosa de volver muy tarde en la noche y no soportar el rumoreo sobre los veredictos del jurado.

De regreso, pasada la medianoche , cruzábamos con mi esposa el lobby del hotel rumbo a los ascensores.

Nos detuvo el vozarrón de Paco que me llamaba desde el bar.

“Andá vos. Yo estoy muy cansada” me dijo mi mujer.

Yo no estaba muy seguro de querer ir. Presentía que Paco me iba a dar malas noticias.

Pero de ninguna manera podía ignorar una invitación de Paco, invitación que además olía a Black Label con poco hielo.

Apenas me acerqué a la barra, donde el único parroquiano era él , levantó su vaso y me dijo “Enhorabuena hombre…”

Esa noche ninguno de nosotros pudo dormir más que unas pocas horas.

Habíamos ganado un Festival de Clase “A” en el que la favorita era “Sofie” dirigida por nuestra admirada Liv Ulman, también presente en el Festival.

Al día siguiente,antes de la ceremonia, Paco y otro integrante del jurado, el prestigioso director chileno Miguel Littin, nos contaron pormenores de la discusión entre jurados.

Había dos norteamericanas que se oponían a que nos dieran el “Gran Prix” porque decían que “El lado oscuro del corazón” hacía la “apología de la prostitución”.

Paco y Littín se divertían mucho recordando la defensa vehemente que habían hecho de la película, argumentando que ellas no entendían por diferencias culturales, que “las putas eran las verdaderas musas de los artistas latinoamericanos…”(sic)

Unos años después me dí otro de esos lujos que me he dado en mi carrera,en este caso gracias a la comprensión y respeto profesional de uno de los mejores productores que he tenido: Omar Romay.

A pesar de no ser una co-producción con España ( que hubiera reducido los costos argentinos), Romay contrató a Paco Rabal para filmar “Pequeños Milagros” junto a Julieta Ortega,Antonio Birabent, y otro “grande”: Hector Alterio.

El reencuentro con Paco y disfrutar de su humildad y profesionalismo en el set, son otras de esas cosas que tengo que agradecerle al cine.

Cada vez que debía darle una indicación, yo no podía esquivar la emoción que me producía estar dándosela al actor de “Viridiana”.

Años después nos enteramos que Paco había muerto viajando en un avión,justamente regresando de otro festival de Montreal (2001) en el que lo habían homenajeado.

Cuando me reencontré con el gran amor de su vida, su esposa Asunción,me contó que había muerto a su lado, serenamente, tomándose un buen extra-brut , de regreso a casa.

De qué otra manera iba a ser?


Francisco Rabal-Julieta Ortega

Escena de "Pequeños Milagros" ( 1997)

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ELISEO DIEGO

Poeta.


Texto publicado en el Diario Página 12 de Buenos Aires

en ocasión de la muerte del poeta cubano Eliseo Diego.



Al viejo me lo imaginaba esperándola.

Sospechándola mujer,muchacha,con la esperanza de siempre: seducirla,enamorarla.

¿Por qué cambiar esa vieja costumbre ahora que todo está por cambiar.?

Como era previsible,teniendo en cuenta los inevitables tránsitos que unifican el destino de todos los seres que han nacido, al viejo cuerpo le llegó el momento de abandonar esta etapa de la vida.

Por eso dicen que Eliseo Diego murió.

El espíritu del jóven enamoradizo que lo habitaba,debe haber sentido un alivio.

Porque lo que a Eliseo más lo inquietaba, no era “el tiempo que le había crecido adentro” sino la incomodidad de ese jóven espíritu que lo había “poseído”.

Yo le oí decir que tenía la certeza de que un alma de 20 años se había apropiado de su viejo cuerpo y esa era la explicación de la incurable tendencia a enamorarse de muchachas que podían llamarlo “abuelo”,ocasionándole un melancólico dolor a ese espíritu jóven que, como defensa,solo atinaba a “soplarle” poemas al viejo, con la esperanza de que las muchachas entendieran lo que estaba pasando, y no se dejaran llevar por las apariencias.

De cualquier manera,alguien querido que se muere, nos deja con la innegable tristeza de sentir que, por lo menos por un tiempo,no volveremos a encontrarnos en algunas de las entrañables costumbres de las que gozamos al estar vivos.

Tomar ron y fumarnos un puro mientras hablamos de mujeres y de la muerte, como en este caso.

No podré hacerlo con esa apriencia física que llamábamos Eliseo Diego.

Esa “vestimenta” con la que muchos se acostumbraron a verlo “dejó de existir”.

De acuerdo.

Pero decir que Eliseo Diego,el poeta,se murió, es un error de información en las noticias como el que alguna vez le hizo sentir a mucha gente el temor de que Federico Fellini se hubiera muerto.

Son temas, por lo menos muy discutibles.

Estoy seguro de que cuando yo vuelva a su casa en La Habana,el espíritu del jóven liberado aparecerá apenas suene alguna melodía dulzona de Jose María Vitier, apenas descorche una botella de ron y encienda un puro.

Ya veremos de qué hablamos…

Pero sospecho que será inevitable que, en un momento de la noche,a esa alma jóven le aparezca cierta inexplicable nostalgia por aquel cuerpo ajetreado al que alguna vez le oyó decir:

“Conmigo se han de acabar esas formas de ver,de escuchar,de sonreir, porque son únicas en cada hombre; y como ninguna de nuestras obras es eterna,o siquiera perfecta,sé que les dejo a lo más un aviso,una invitación a estarse atentos.

A estar,mejor que estuve yo nunca,en lo que Dios nos dio en herencia”.

Eliseo Diego estuvo atento y pudo traducir para los demás parte de esa herencia.

Compartíamos muchos amores. Por eso lo amé.

Nos encontramos en ese lugar del corazón que se llama Cuba.

A él le interesaba la poesía que sirve para vivir.

A mí me pasa lo mismo con el cine.

Suficientes coincidencias que justifican que hoy me sienta triste,

No me creo lo de su muerte, pero sé que durante algún tiempo será complicado verlo.





jueves, 21 de enero de 2010

Mi oficio.

Al principio, el cine era para mí ante todo el lugar donde más tiempo me pasaba con los ojos cerrados.

Las salas de mi barrio (había tres) eran el mejor lugar para besarse con una muchacha.

Preferentemente en el "gallinero" como se le decía al confín del superpulman, lo más cerca posible de la cabina de proyección.

La película era lo de menos.

Y además "la película" solían ser 3 o cuatro "westerns" o "bélicas" , exhibidas en continuado.

Muchos heroes morían cada tarde ante la indiferencia de mis ojos que, cerrados, miraban hacia otra parte, construyendo con mi chica,beso a beso, una película distinta.

Sin duda era el adelanto de una constante ideológica que años después se verificaría en mis películas: el amor vence a la muerte.

Con el tiempo,esa costumbre se fue modificando.

A los 16 años,dificilmente alguna novia mía habría sobrevivido si, para darme un beso durante la proyección, hubiera intentado apartar mis ojos de Anna Karina,o de Jean Moreau .

Esa fue mi primera "ruptura" con el barrio.

Yo me fuí para las salas de "cine arte",en el centro de la ciudad, y muchos amigos siguieron en aquellas superpulman practicando sus caricias en medio del fragor de las explosiones.

A mis nuevas novias,más que distraerse con boberías románticas, les importaría tomar un café luego de la proyección para hablar de Wajda o de Goddard.

Estábamos creciendo.

Había que aprender a amar con los ojos abiertos.

Despues de todo, el cine es el unico sueño que se tiene con los ojos abiertos.

Una sala de cine es el único lugar en el que,a oscuras,vemos más.

Si yo fuera arquitecto me hubiera especializado en la consrtuccion de cines.

No ya por mi amor a las películas,sino porque no me parece que pudiera haber misión más poética de la arquitectura ,que la construcción de espacios donde la gente vá a soñar.

Una vez que fuí cineasta profesional,mis sensaciónes en la oscuridad de la sala de cine se fueron modificando.

Ahora confieso que cada vez que se apaga la luz de la sala,yo siento una especie de acuciante pregunta que me hermana con todos los cineastas

del mundo : ¿Y ahora qué te cuento?

Aunque la película no sea mía.

Y tambien me parece oir el silencioso coro de las respuestas de la gente esperando en sus butacas:

"Cuéntame algo que me dé miedo."

"Cuéntame algo para que no tenga miedo."

"Cuéntame algo que me haga reir.Lo necesito"

"Cuéntame algo para soportar la realidad."

"Cuéntame que antes de morirme viviré un gran amor!"

"Cuéntame que la vida no es solo ir a la oficina todos los días"...

Cuentame,cuentame...

Una sala de cine es el único ámbito donde los adultos confiesan la supervivencia de la infantil necesidad de ser arrullados por un cuento.

Se imaginan al gerente de un banco tomándome una mano diciendo ¿me cuentas un cuento?

¿A un general de brigada suplicándome: cuéntame un cuento que me da miedo la noche..."?

¿A un ministro de economía tratando de disimular su pudor al pedirme:

"Cuentame un cuento donde lo que mas me importe sea el amor..."

¿Se imaginan que algo así pudiera ocurrir en la vida real?

Por supuesto que no.

Sin embargo eso ocurre en las salas de cine, que son las "sedes diplomáticas" universales, a las que los seres humanos acuden a pedir un salvoconducto para sus sueños.

Haciendo uso del anonimato de la oscuridad,el gerente de banco,el general de brigada,el ministro de economía,obstetras y abogados,culpables e inocentes,víctimas y asesinos,todos por igual hacen el mismo pedido formulado de distintas maneras,de acuerdo a su rol social:

"Sacame de aquí",que para eso te pago.

"Dejame soñar un ratito con esa maravillosa posibilidad que la vida no me dá: ser otro.

En suma: "Cuéntame un cuento."

Despues de todo las cosas no han cambiado tanto desde aquellas matines amorosas de mi adolescencia.

Mi oficio sigue siendo el mismo:

Entretener en la oscuridad .

Buenos Aires, 2000.

Mis maestros.

Mis maestros (2005)

Tuve varios maestros “virtuales” mucho antes de que se inventara la “realidad virtual”.

Y otros "reales".

Entre los primeros recuerdo a uno que me enseñó a amar a las muchachas que iban sobre las bicicletas con las faldas al viento. Se llamaba Francoise.(1)

Otro maestro que tuve me enseñó la ternura de las mujeres tetonas y los payasos brutos. Lo llamaban Federico. (2)

Tuve un maestro llamado Ingmar que me enseñó a jugar adjedrez con la muerte.

De Jean-Luc (3) aprendí a fumar cigarrillos negros mirándome en los ojos húmedos de una puta.

Andrei (4) me enseñó silencios tan profundos que fueran capaces de hacer oir el alma.

Acá no más,"real", tuve un maestro que me enseñó que filmar es una necesidad tan natural como comer o hacer el amor .

Le decían Lucas.(5)

Hubo otro llamado Leonardo (6) que me enseñó que en una filmación no hay nada más seguro que preguntarle al corazón que lente hay que poner.

Tuve un padre gallego brumoso que me enseñó a no perder el rumbo en medio de la bruma.

Y una madre con una virtud sobre todos sus defectos: el amor por sus hijos.

De ella aprendí que la “sobreprotección” se cura. La carencia nó.

Después conocí a Mora,una maestra de la supervivencia: llevamos casados muchos años.

Un día apareció Celia Huberman,mi terapeuta,la “partera” de mis últimas películas.

Con ella dí los primeros pasos despues de nacer en mi segunda vida hace 10 años.

De ella aprendí que el miedo a la muerte en realidad es miedo a la vida.

Me enseñó una curiosa técnica: vivir como si ya hubiera muerto.

Como si todos mis seres queridos ya hubieran muerto.

Entonces entendí la fiesta de cada despertar.

La felicidad de tener a mi lado a la gente que quiero.

Ahora tengo unos hijos de los cuales comienzo a aprender.

Y todos los días tomo clases “particulares” con un Maestro del cual aprendieron todos mis maestros.

Buenos Aires 2005

1-Francoise Truffaut

2-Federico Fellini

3-Ingmar Bergman

4Andrei Tarcovski

5-Lucas Demare

6-Leonardo Favio

CUBA. Una historia de amor.


















El texto siguiente corresponde a un capítulo del libro “Todo gracias al cine” que no he terminado de escribir y quiero publicar dentro de no mucho. Tambien podría llamarse “Antes de que me olvide”. Cuenta

las experiencias de vida que le debo al cine.

En todo caso será un acto público de agradecimiento.

Al cine y a la vida, que para mí son casi lo mismo.

CUBA

Una historia de amor.


El 27 de diciembre de 1967 yo cumplía 22 años.

Me habían dado de baja en la conscripción unos meses antes de cumplidos los 2 años reglamentarios de servicio militar en la Marina.

Razón: “único sostén de madre viuda”.

Mi padre había muerto en julio.

Mi hermano, tenía dos años menos que yó y era estudiante.

Cerca del mediodía en la casa de la calle Guatemala sonó el teléfono.

Un llamado de Air France. Yo no estaba en casa.

Cuando llegué, mi madre me dijo que habían dejado un mensaje anunciando que tenía un pasaje a mi nombre para Paris.…¿Qué es eso? preguntó entre temerosa y ofendida.

No sé mamá. Debe ser una joda por mi cumpleaños…

Por la tarde, mi amigo Pablo Gerchunoff, que trabajaba en la Editorial Abril y tenía contactos con la agencia Prensa Latina ,me dijo: “Gallego, ¿por qué no averiguás?…Están llegando pasajes para ir al Congreso Cultural de La Habana…”

Aclaremos que la Argentina de esos días estaba gobernada por una de las tantas dictaduras militares que cada tanto interrumpían los gobiernos democráticos. Esta vez el dictador de turno era el retrógrado General Juan Carlos Onganía,uno de los culpables de años de retroceso cultural en la Argentina. (Su allanamiento a la Universidad de Buenos Aires significó el exilio de centenares de científicos brillantes que en su mayoría luego terminaron trabajando en las mejores universidades y laboratorios del mundo).

Volver al país con un sello de Cuba en el pasaporte,era suicida.

Por lo tanto había que dar toda una vueltecita para llegar a La Habana .

En el, luego histórico, Festival de Cine de Viña del Mar de 1967 había conocido a Alfredo Guevara y a Saul Yelin, los fundadores del ICAIC, Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos.

Unos años antes, a los 17, yo había ganado el Festival de Viña del Mar con mi primer cortometraje “Un largo silencio”.

Ese festival del 67 supuso el descubrimiento del cine cubano, un cine para mí deslumbrante, avasallador,irresistible.

Un vendaval de revolución y poesía que le hizo sentir por primera vez a aquel jovencito enamorado de Goddard ,que podía haber otro amor más allá de la “nouvelle vague”.

Y fue el “Acto fundacional” del llamado “Nuevo Cine Latinoamericano".

Junto con ese deslumbramiento “profesional”, yo estaba fascinado con el estilo de esos dos cubanos,bien diferentes. Uno ,Saul, lo más parecido a un “atorrante” porteño. Seductor,hiperactivo. Me enseñó a bailar “salsa” en una baldosa (una superficie de unos 40 centímetros por lado.). Eso limitaba el movimiento de los pies haciendo que todo el ritmo se distribuyera por el resto del cuerpo,con centro en las caderas. Si hubiera aprendido a bailar así, mi vida hubiera sido bien diferente…

Alfredo era el “serio”. Un intelectual brillante y refinado con un estilo paternalista que le hizo despertar al reciente huérfano de padre un afecto profundo que perduraría hasta hoy.

Durante esos días en Viña del Mar nunca se habló de alguna futura invitación a visitar Cuba.

Cuando aquella tarde de diciembre fui a las oficinas de Air France, comprobé que ,en efecto, había un pasaje a mi nombre, Buenos Aires-Paris ida para los primeros días de enero,o sea, la semana siguiente y la vuelta,”abierta”.

¿Qué quiere decir, “la vuelta abierta”…? preguntó mi madre.

Ningún otro dato. Pregunté quién lo enviaba. Nadie lo sabía.

Yo nunca había ido más lejos que a Chile. A fines de los 50 había viajado a España en barco, pero con mis padres.

Con la convicción de que mis recientes amigos cubanos estaban detrás de ese enigmatico pasaje de avión, me subí a ese Boeing 707 con destino a Paris.

Llevaba unos pocos dólares, la dirección de un hotelito en el 3 de la Rue Dormesson, y un número de teléfono en Paris: el de Silvia Rudni,corresponsal de la revista Primera Plana .

En Paris nevaba. Dí con el hotelito. Yo no hablaba francés. Ni inglés.

El pequeño cuarto solo tenía “salle de l’eau”. Nunca había visto algo asi. Sólo un lavabo. El verdadero “baño”,la “salle de bain” estaba fuera del cuarto, compartido con los otros huéspedes.

Llegué y no abrí mi valija. Me tiré sobre la cama vestido y me quedé dormido.

Tuve una pesadilla: soñé que estaba en una habitación desconocida en un hotel de Paris. En un cuarto vecino alguien ensayaba escalas con una trompeta.

Me desperté con el alivio de quien logra huir de una pesadilla volviendo a la realidad.

Pero en la realidad yo estaba en una habitación desconocida en un hotel en Paris, cerca de otra en la que alguien practicaba escalas con una trompeta…

Ese día no salí de la habitación.

Al día siguiente me animé a bajar y dí una vuelta a la manzana. Volví a encerrarme en la habitación. Comía chocolate y tomaba agua de la canilla.

Al segundo día llamé a Silvia Rudni. Me indicó cómo llegar a su casa.

Salir de la habitación del hotel y tomar el metro parecerían acciones insignificantes. Sin embargo,a la distancia,sé que me salvaron la vida.

Silvia. que luego sería una entrañable amiga, estaba desconcertada y bastante divertida con ese jovenzuelo despistado que había hecho un vuelo directo desde el barrio hasta Paris, sin saber exactamente a dónde estaba yendo.

Con Silvia aparecieron algunos personajes de la fauna argentina de aquel entonces en Paris.

En esos años uno sacaba “patente” de intelectual argentino si había hecho algún tipo de “pasantía” en Paris. Aunque eso significara conseguir un trabajo de lavacopas. El asunto era estar en Paris,comer cus-cus y fumar Gauloises sin filtro.

Junto a Silvia conocí a algunos personajes entrañables,luego amigos queridos, como Mario Pellegrini, hijo del poeta Aldo Pellegrini .


Yo estaba “suspendido” en el tiempo y el espacio. Tenía una mezcla de sensaciones opresivas que luego supe se llamaban angustia. Sabía cómo se sentía la tristeza. Pero no la angustia. La estrené en Paris…No cualquiera…

Convivía todo el día con ella.

Esa angustia iría “fabricando” en mi cuerpo una feroz “somatización”: desde la base del lado izquierdo de mi cuello, comenzó a aparecer una erupción,una especie de sarpullido que con el correr de los días iría trepando como si quisiera llegar a mi mandíbula para finamente estrangularme.

Me había perdido a mí mismo. Lejos del barrio,de mamá por primera vez, el mundo era algo demasiado grande, ajeno, hostil…

No podía hablar porque había perdido mi idioma.

La nieve,los olores nunca antes percibidos,la certeza de que por primera vez mi vida dependía de mí, completaban una sensación de soledad agobiante,desconocida hasta entonces.

Viajera experimentada y nómade vocacional, Silvia no podía entender mi estado. Me conminó a llamar a la embajada cubana. Allí se aclararía todo.Me confirmarían que estaba yendo a Cuba, me darían el pasaje y seguiría mi viaje acabando con la pesadilla que mis miedos habían inventado. Encima me daba mucha vergüenza estar en Paris y sentirme tan mal…No parecía argentino…

“-Dame el número de la embajada” me dijo.

-No lo tengo.

–Lo perdiste?

–No. Nunca lo tuve…

Buscamos en la guía telefónica.

Hice el llamado.

Detecté una desconfianza desalentadora en el funcionario que me atendió.

-¿Y cómo tú te llamas?

Le dí mi nombre y le informé que estaba invitado al Congreso Cultural de La Habana.

“-Pa’ cuando tu llegues el congreso ya estará terminando. Para qué tu vás a ir?...”

Tenía razón.

Esa podía haber sido suficiente justificación para volver con mamá.

Pero en cambio tuve una reacción inesperada que sorprendió a todos,también a mí :

-Mire compañero. Yo tengo instrucciones de llegar a La Habana. No le puedo decir más.

Mi reacción dió resultado. El funcionario vaciló.,después de todo yo era argentino , como el Che…

Me dijo que llamara al día siguiente.

Con la compañía de Silvia, Mario y otros atorrantes argentinos que vivían de robarse cositas en las grandes tiendas, comencé a conocer Paris, aunque no de manera “gozosa”.

El idioma, el frío, y el cus-cus me devolvían a la angustia apenas me distraía.

Al día siguiente el llamado a la embajada cubana dió como respuesta unas lacónicas intrucciones: en el aeropuerto había un pasaje a mi nombre. Destino: Praga.

-¿Y una vez en Praga,que hago? pregunté presintiendo nuevas penurias.

-Ellos se van a poner en contacto contigo” me respondió el mismo repugnante funcionario de la embajada.

Aunque sólo sería cambiar la angustia de paisaje, el irme de Paris significaba un avance hacia alguna parte, y eso pareció calmar a la erupción que aflojó un poco el picor.

Me iría de ese hotelito que olía a repollo hervido todo el día, de esa ciudad llena de nieve y de gente que yo sentía reaccionar con odio cada vez que me atrevía a balbucear alguna palabra en francés.

Llegué al aeropuerto con algo de esperanza, casi con alegría, un estado de animo que sin duda había olvidado poner como equipaje cuando hice mi valija en casa de mamá.

En el mostrador de Czech Airlines, la aerolinea checoslovaca, se encargarían de devolverme a la desazón: había confundido la hora y mi avión había partido hacía veinte minutos.

En el viaje de regreso al hotel del repollo hervido recuperé todo lo que había descartado en mi supuesto raje de esa ciudad odiosa. Los miedos,la angustia, y finalmente mi mancha que retomaba el acecho a mi cuello, ahora con más decisión,seguramente convencida de que podría acabar conmigo en las próximas horas.

Silvia no podía creerlo. Se compadecía de mí pero al mismo tiempo le causaba gracia. Nunca me lo dijo, pero creo que lo que más le divertía era haber conocido al tipo más "boludo" del mundo.

Ahora ,la acción más riesgosa y difícil era volver a hablar con el funcionario de la embajada y confesarle que había perdido el vuelo,por boludo.

Recuperé aquel aire de “agente especial” que instintivamente me había hecho avanzar en el primer llamado.

Echándole la culpa a un atasco camino al aeropuerto , le pedí que me consiguiera otro pasaje.

-Voy a consultarlo chico. Llamame en un par de horas,me dijo.

Por suerte,antes de que en Paris comenzara el lento y angustiante fundido a negro del atardecer invernal, en la embajada me dijeron que había otro pasaje para el vuelo del día siguiente.

-Pero si pierdes este avion te vuelves a Buenos Aires… me dijo el cubano,amenazándome con un final frustrante al fin, pero que al mismo tiempo me producía un inconfesable alivio . Me devolvería a la seguridad del barrio ,donde la erupción asesina no se atrevería a entrar.

Esa vez estuve con mucha anticipación en el aeropuerto. Luego de un par de horas de vuelo, desembarqué en otro atardecer con nieve, cada vez más al norte,cada vez más lejos de casa, más cerca de no sabía dónde.

En Praga nevaba mucho. Todos los pasajeros del vuelo se fueron.El aeropuerto ,que recuerdo bastante “provinciano” comparado con Orly, quedó vacío,quieto, como si se hubieran acabado todos los vuelos para siempre.

Nadie había ido a buscarme.

Ningún funcionario cubano hijo de mil putas.

Ahora había otro idoma que yo no hablaba: el checo.

Creo que estuve alrededor de una hora viendo cómo la nevada iba siendo devorada por la noche, y ambas se me venía encima.

Paralizarme allí sería peor que quedarme encerrado en el hotel de Paris.

Reaccioné. No sé si habré inventado un nuevo idioma universal, o si en la desesperación logré colocar un par de verbos en francés y en inglés, el asunto es que alguien entendió que yo hablaba español, que estaba en tránsito hacia Cuba, y que necesitaba hablar con algun funcionario de la embajada cubana. Llamaron a “una compañera del partido” que hablaba español.

La “bendita” compañera del Partido Comunista finalmente apareció en el aeropuerto para rescatarme. Llamó a la Embajada de Cuba. Luego me dió instrucciones precisas: “Te tomas un taxi. Vás al Hotel Intercontinental. Te alojas. Y allí esperas. Ya se pondrán en contacto contigo…”

Pregunté cuándo seguiría para Cuba. La compañera del partido me dijo que sólo le habían dicho eso: que esperara en el hotel que ya se iban a comunicar conmigo.

La posibilidad de que pasaran semanas, meses,sin que nadie se comunicara conmigo, era tan obviamente literaria,justamente en el paìs de Kafka, que en lugar de aumentar mi angustia,me permitió una especie de “alivio imaginativo”. En esa fantasía atemorizante, pero fantasía al fin, yo era un personaje de ficción, un tipo que misteriosamente había desaparecido de su barrio en Buenos Aires, y pasaba el resto de su vida esperando en un hotel de Praga,nadie sabrá nunca a quién. Para ese entonces no había leído a Beckett.

Lo cierto es que durante 3 días no apareció nadie. Las instrucciones incluían que comiera en el hotel. El Hotel Intercontinental de Praga no era el hotelito maloliente del Quartier Latin de Paris. Era un cinco estrellas bellísimo.

La erupción avanzaba y ya percibía en mi cuerpo señales de bastante fiebre.

No era conciente de que, sin embargo, varios signos nuevos estaban apareciendo en la realidad , marcando el camino hacia la salida del “tunel”.

Por ejemplo: al segundo día de espera decidí tomarme un taxi. El poco inglés que yo hablaba era muy similar al que hablaba el taxista que me llevó al centro de la ciudad más bella que yo había visto hasta entonces.

Curiosamente Praga, que debía resultarme más lejana y ajena que Paris, me producía una llamativa “paz” , a pesar de que subsistía mi sensación de estar perdido en el mundo. Esa especie de tregua con mi angustia, me permitió comprar una artesanía para mamá y tomarme un vodka en un bar donde percibí la belleza de las checas.

Al segundo día sonó el teléfono en mi cuarto, y una voz cubana me dió intrucciones precisas,tal como me habían prometido: “Baja con la maleta. Te vás pa’ Cuba…”

Cuando? Ya mismo chico…Baja yá…

Otra vez anochecía en el aeropuerto de Praga. Otra vez nevaba.

Un Bristol Britannia turbohélice de la Cubana de Aviación me sacaría de allí.

El pasillo central del avión estaba ocupado por cajas que transportaban mercaderías diversas convirtiendo al avión en una versión mixta, de carga y pasajeros.

Era la primera señal de que estaba entrando en otra “dimensión” de la realidad: la cubana.

Cuando los motores aceleraron creando una “tormenta” de nieve que impedía la visión por las ventanillas ojivales del avión, tuve un pensamiento con el que me reencontraría muchos años después, en mis lecturas de maestros orientales.

Pensé: ya estoy muerto, por lo tanto no puedo tener miedo. ¿Miedo de qué? De morirme?... Ya he muerto.

Quizás en esta historia falte agregar que en ese entonces yo tenía fobia a volar.Los aviones me habían apasionado de adolescente al punto de querer ser ingeniero aeronáutico antes de enamorarme del cine,pero subirme a un avión era otra cosa, y me producía pánico.

A partir de que se cerraba la puerta del avión, mi taquicardia aumentaba sincrónica y proporcionalmente con las revoluciones de los motores .

El avión de la Cubana, que los cubanos llamaban “la compañía de aviación más religiosa del mundo, porque vuela cuando Dios quiere”, milagrosamente como a mí siempre me parecían los despegues, levantó vuelo entre el “temporal” de nieve producido por las hélices de las 4 turbinas a toda potencia.

Rumbeó para Shanon,en Irlanda, donde haría la primera escala.

Mis horas iniciales como “muerto” claramente parecían ser mejores que las últimas pasadas como “vivo”.

En Shannon había un free- shop. Me compré un grabador de cinta portátil que luego me sería muy útil en Cuba.

No recuerdo nada remarcable del resto de la travesía,que supuso el cruce del Atlántico con una escala en las Islas Azores y otra en Gander,Canadá.

Finalmente, a 22 horas de Praga, el noble turbohélice se posaba en el aeropuerto José Martí de La Habana,Cuba, “Territorio libre en América” .

Minutos antes de que lo hiciera,fuí testigo de una escena que aún hoy ,recordándola, me pone la “piel de gallina” : cuando los cubanos que iban a bordo divisaron la isla a través de las ventanillas, aplaudieron con fervor.

Apenas se abrió la portezuela del avión, los casi 30 grados del invierno cubano fueron el hálito “sagrado” que me devolvió a la vida.

No sólo no estaba muerto,sino que empezaba a estar vivo como nunca lo había estado.

En mi hotel,el Habana Libre, un médico cubano revisó la erupción que ya a esa altura se había apropiado de todo el lado izquierdo de mi cuello y mandíbula.

Me hizo un par de preguntas, tras lo cual disparó el diagnóstco más contundente que yo le haya oído a un médico: “Estás abichao…” Ante mi desconcierto,confirmó: “Que te ha picao un bicho”… De poco sirvieron mis intentos por cuestionar el diagnóstico, haciéndole saber que yo venía de París y de Praga,que estaba nevando, clima poco propicio para cualquier “bicho”. Pero nada cambió su parecer. Me recetó unos comprimidos que luego sospeché eran aspirinas. Me dijo, palmeándome el hombro: “ No te preocupes chico. En unos día vás a estar del carajo…”

Creo estaba seguro que la medicina que me curaría se llamaba Cuba.

Tal como había pronosticado aquel funcionario de la embajada en París, yo llegué creo que al día siguiente de la clausura del Congreso Cultural de La Habana.

Entonces,recién entonces, me enteré que se habían reunido unos 500 escritores, artistas e intelectuales de todo el mundo, entre los que estaban Julio Cortázar, Mario Benedetti, Mario Vargas Llosa,Jorge Edwars . Todos firmaron un manifiesto de rechazo unánime contra el imperialismo.

Nadie extrañó la falta de mi firma.

Tampoco creo que a Alfredo Guevara le importar realmente que yo participara de ese Congreso.

Era un pretexto.

El objetivo de mi viaje, era que yo conociera Cuba revolucionaria. El suponía las consecuencias…

Al poco tiempo de estar allí comencé a sospechar que ese sería uno de los viajes más importantes de mi vida.

Fue el más importante. Un viaje iniciático,donde yo contraería amores para toda la vida.

Un viaje en el momento “justo”, en la “edad de la inocencia”,de los grandes metejones , de la pasión . Todo era o blanco o negro. El gris era para los viejos.

Vivíamos en un mundo injusto y mi generación lo iba cambiar .Con el socialismo, con la Revolución Cubana,la guerrilla urbana, la revolución sexual, la nouvelle vague y los Beatles.

Y allí estaba yo,en el centro de “la acciòn”, en La Habana, en enero de 1968, Año del Guerrillero Heroico.

Entonces los días empezaron a transcurrir con la cadencia de un son montuno.

La temperatura caribeña, la brisa marina que por las tardes desbordaba el malecón esparciéndose por la ciudad, los Romeo y Julieta que había empezado a fumar , los mojitos que tomaba en el bar del Habana Libre, fueron venciendo a la mancha ominosa, a la malvada erupción y a la madre que la parió: mi angustia.

Fue retrocediendo hasta desaparecer.Y con ella,aunque entonces no me dí cuenta, fué desapareciendo también aquel jovencito temeroso que había salido de Buenos Aires dos semanas atrás.

Ese nunca volvería al barrio.

En mi piel se estaban abriendo poros hasta entonces obturados, dejando entrar la terapeútica brisa caribeña, instigadora de una especie de revolución celular que me estaba acercando al dichoso ser humano capaz de bailar en una baldosa como me había enseñado el querido Saul Yelin.

Mis papilas gustativas habían sido invitadas a una fiesta de nuevos sabores que mandaban al cerebro señales de un disfrute hasta entonces desconocido para mí.

Fruta bomba (Papaya) , mango, piña, y la fruta mas deliciosa y dulce que yo había probado hasta entonces: la mujer cubana.

Yo tenía una habitación inmensa en el Habana Libre pero el paso con una cubana era infranqueable para la seguridad del hotel. De manera que hasta que conocí a Delia,mis “aventuras amorosas” luego de alguna inocente escala en la heladería Copelia, terminaban en el malecón, cuidando no ser descubierto por alguna patrulla policial.

Qué notable…mi “karma” rioplatense me había llevado a una versión caribeña de mi adolescente “zaguán” de barrio : el malecón.

En mi vida no me arrepiento mayormente de cosas hechas sino de cosas que no me atreví a hacer.
Una de ellas es ésta:
En aquel enero del 68, contraje rápidamente algunos hedonistas hábitos cubanos.
Como el de asistir al cabaret del Habana Libre para
tomarme unos “mojitos” mientras oía embelesado a Elena Burke ,una de las grandes cantantes cubanas.
Me ubicaba estratégicamente en una mesa detrás de otra mesa que siempre
estaba ocupada por un hombre corpulento,seguramente agigantado por mi
admiración, siempre envuelto en la nube del humo de su habano atravesado a contraluz por las luces del escenario.
Yo iba al cabaret a escuchar a aquella mujer, y a sentarme detrás de aquel
hombre.
Nunca me atreví a acercarme a su mesa, y hacer lo que me hubiera
gustado hacer:
Darle la mano, y decirle que lo amaba.
Ese hombre era Julio Cortázar.

Los ecos del Congreso Cultural todavía resonaban en los lobbys del Habana Libre, y de los otros grandes hoteles en los que se alojaban las delegaciones. El Nacional,el Riviera…

Una tarde en el lobby del Hotel Nacional ví pasar a Mario Benedetti.

¿Quién nos iba a decir a los dos que 23 años después él iba a recitar en alemán un poema suyo en una película mía…?

Hacía solo 5 años que yo había hecho mi primer cortometraje,”Un largo silencio”, un documental sobre el Hospital Borda, que mostraba el “depósito” de seres humanos que era el neuropsiquiátrico argentino. De manera que uno de los primeros lugares que pedí visitar fue el Hospital Neuropsiquiátrico de La Habana.

Recuerdo los grandes espacios verdes, los internos usando uniforme blanco y vagando libremente por los extensos jardines. En el hospital se hacía especial hincapié en la “laborterapia” y en no cortar la relación de los enfermos con la sociedad.

En los desfiles conmemorativos de la Revolución, junto a delegaciones de estudiantes y trabajadores diversos, desfilaba la representación del hospital neurosiquiátrico ,. Desfilaban los “locos” , agrupados pero libres, cada uno con su “tema”, metidos en sus mundos, marchando marcialmente,o danzando, o dando saltos, o sobre patines, lo que ellos hubieran elegido para ser parte de la conmemoración.

Yo, que todavía tenía fresco el olor al guiso del abandono del Hospital Borda, comprobaba emocionado cómo la Revolución del hombre nuevo” se proponía luchar por los oprimidos y tambien por los enfermos mentales. Era un enfoque de la psiquiatría que a mí me sonaba cercano a David Cooper y Ronald Laing , mis ídolos de la “antipsiquiatría” en ese entonces.

Cierta noche hubo una recepción en la casa de alguien cercano a la organización del Congreso.

En la fiestecita había escritores,poetas,cineastas .

Tambien había mucho ron y mujeres inquietantes. En realidad a esa edad todas las mujeres eran “inquietantes”.

Entre ellas una morena de ojos almendrados muy negros,tirando a pequeña pero robusta, unos 20 años , enfundada en una minifalda versión cubana del “swinging London” .

Cualquier mujer hermosa es atractiva con una minifalda.Pero si es cubana claramente es una instigación irresistible a meterte en problemas. Eso hice yo esa noche.

La señorita era la novia de un prestigioso escritor y cineasta ( no cubano), 12 años mayor que yó. El hombre tenía clara conciencia de que estaba cuidando a una tierna ovejita en medio de una jauría de lobos hambrientos. No se despegaba de ella más de un metro.

Pero esa distancia no podía impedir que ella me mirara. Porque yo la estaba mirando,claro.

Me volvían loco sus piernas, su boca. Mi timidez no me permitía demorar mis ojos en ella más de “lo debido”, de manera que pasaban casi huyendo sobre sus caderas y sus pechos, pero siempre terminaban atrapados en los ojos de ella que estaban al tanto del recorrido de los míos.y me esperaban , implacables…

Los ojos de las cubanas,lo supe entonces, tienen una capacidad especial además de ver: hablan. Y los de esa niña decian claramente: “Tu de aquí no te vás sin mí…”

Sin embargo esa noche me fui sin ella, no sin antes decirle mi nombre y quedando yá para vernos al día siguiente.

La morenita se llamaba Delia. Nadie me dijo esa noche que ella iba a

ser una de las experiencias más importantes de ese viaje.

María Padrón comandaba el grupo de secretarias del ICAIC que se encargarían de mi “educación revolucionaria”. Eran compañeras todas de mi edad ,o poco mayores que yo, que trabajaban en distintos departamentos del Instituto de Cine.

Infructuosamente intentaron que progresara en el baile. Pero sí consiguieron que formara parte de la “Brigada de trabajadores voluntarios del ICAIC”.

Todas las mañanas a eso de las 6 nos subíamos a un camión que nos llevaba hasta tierras del cinturón de La Habana donde sembrábamos café. De esas plantaciones recuerdo el espiritu de camaradería de todos, la alegría con que transcurría la jornada , mientras los altoparlantes instalados entre los surcos en los que sembrábamos, difundían música cubana. Me vienen a la memoria los sones de la Orquesta Aragón.

Tambien recuerdo algo que me decían y que me emocionaba mucho: “Dentro de un tiempo cuando tomemos un café,nos acordaremos de tí Eliseo,porque puede que ese café venga de una matica que tú has plantado…”

Yo tenía por primera vez en mi vida, la sensación de ser parte de un gran esfuerzo colectivo. Me sentía parte de una gran epopeya, en una tierra donde se estaba construyendo al hombre nuevo,como había propuesto el Che.

Me conmovía esta gente que unía sus esfuerzos para construir una sociedad justa, donde todos tendrían acceso a la salud, a la educación…Me conmovía la generosidad de estos jóvenes que priorizaban el bien general al personal.

Un día María (Padrón) me avisa que Alfredo (Guevara) quería que yo estuviera en la “doble banda” de una nueva película cubana.

La primera etapa de mi fascinación por Cuba había sido cinematográfica, a partir del descubriento en Viña del Mar de películas como “Manuela” de Humberto Solás, “Now” de Santiago Alvarez y otras que me habían “volado la cabeza”.

De este director llamado Tomás Gutierrez Alea yo no había visto nada.

“Doble banda” se llama a la proyección de la imagen por un lado y las bandas de sonido por otro. Las bandas magnéticas tenían grabados los diálogos , los ruidos en otra banda, la música en otra, todas sincronizadas con la imagen. El proceso era previo a la mezcla de todas esas bandas en lo que se llama “Regrabación” o “Mezcla”.

Antes de llegar a ese paso “definitivo”, la película se muestra a determinadas personas para recibir opiniones. Es una especie de “ensayo general”. En función de las opiniones recibidas,los directores deciden ciertas modificaciones que pueden llegar a la eliminación de una escena.

La película iba a llamarse “Memorias del subdesarrollo”.

No recuerdo quien estaba sentado en la butaca a mi lado,algún colega cineasta seguramente. Sí recuerdo claramente que terminada la proyección hubo un silencio especial. Uno de esos silencios “elocuentes”.

Yo miré a mi vecino de butaca y le dije: “Esto no lo van a dejar dar ”…

Quien haya visto la película sabrá por qué lo dije…

“Memorias del Subdesarrollo” se exhibió,según tengo entendido, no porque no haya habido intentos de prohibirla, sino porque creo que fue precisamente Alfredo Guevara (intelectual auténtico y antiguo compañero de Fidel desde la universidad.) quien logró que el público cubano y el mundo la conocieran y se convirtiera en lo que es hoy, una de las películas latinoamericanas más importantes de todos los tiempos.

Volví a verla hace poco y con sorpresa y alegría verifiqué que sigue siendo una gran película.

Mi opinión no introdujo ninguna modificación en aquel “ensayo general” simplemente porque no pude emitir ninguna opinión más allá del comentario que hice a mi vecino de butaca en voz baja.

Yo salí de la sala en silencio, conmocionado, con la la clara sensación de que había sido partícipe de un hecho histórico. Y no me equivocaba.

No recuerdo con exactitud cuánto tiempo estuve sembrando café. Es posible que hayan sido un par de semanas.

Curtido por el sol caribeño, sucio de tierra y transpiración,al terminar la jornada de trabajo volvía en el camión con mis compañeros de la brigada.

Pasaba por el Habana Libre, me bañaba y luego iba al encuentro de Delia.

Algunas tardes íbamos a una posada, lo que en Argentina llamábamos “Hotel alojamiento”. Había uno solo en La Habana,de manera que se debía calcular no menos de una hora de espera en una cola que salía del interior de la posada y se extendía a lo largo de la cuadra.

A mí me causaba gracia e incomodidad la situación. Me daba un poco de vergüenza eso de hacer cola para coger.

Y ya se sabe que los cubanos son capaces que estar callados poco tiempo, por lo cual en la fila bastaba el mínimo pretexto para iniciar una conversación. Yo tenía especial cuidado en no denunciar mi condición de extranjero,porque oficialmente ya sabemos que estaba muy mal visto que una cubana tuviera sexo con un foráneo. Pero en una hora de espera alguna palabra se me tenía que escapar, suficiente para que el compañero de la pareja que me precedía lanzara un sonoro: “Oye chico, tu ere argentino…”Yo asentí incómodo pero tambien divertido por la situación. Los cubanos siempre, aún antes del Che, han tenido una relación de mucho afecto y “empatía” con los argentinos.

El hecho de que hubiera un argentino en la cola de la posada era un acontecimiento y la noticia corrió como reguero de pólvora .

Varias parejas detrás nuestro, un mulato de edad incierta preguntó: “Oye, ¿y cómo está Luisito?

Quien? pregunté.

“ Luisito,Luis Sandrini…”

Escuetamente respondí :“Bien, gracias…”

El cine argentino de los años 40 y 50 había calado muy hondo en el público cubano. Si me ponía a hablar con un cubano de 50 años para arriba, sabía de cine argentino más que yo.

Delia era una fervorosa militante revolucionaria. Vivía con sus padres y un hermano menor en una casona del barrio de Miramar.

Su padre había sido un próspero comerciante. Ya no había en la Cuba socialista de esos días espacio para un “próspero comerciante”. Precisamente en ese “convulsivo” año de 1968 (después de mi estadía) el Gobierno Revolucionario dió un paso más hacia el comunismo, anunciando “el fin del dinero” e instaurando el “gratis total”. Hospitales gratis,escuelas gratis, y el fin de toda propiedad privada.

Los padres de Delia ,como tantos otros , “la habían visto venir” y se estaban yendo de Cuba, mientras se pudiera.

Habían decidido radicarse en España. Eso significaba dejar la casa en manos del Estado sin recibir ningun tipo de indemnización ni cosa que se le pareciera.

Delia había decidido quedarse. Ella era una militante y no iba a abandonar la Revolución. Por supuesto que más allá del “fervor revolucionario” no era fácil para una chica de 20 años vivir sola por primera vez, y con el resto de su familia a miles de kilómetros de distancia, y separados nadie sabía hasta cuándo.

Inevitablemente estos episodios transformaban a mi fogosa amante en una especie de “heroína”, cualidad que no hacía más que aumentar mi pasión por la morenita retacona que le había afanado al prestigioso escritor...

Una tarde Delia me dijo que sus padres querían invitarme a cenar.

Viajaban en unos pocos días, y me invitaban a lo que sería la cena de despedida con su hija.

Fuimos a cenar a un lugar donde después bebimos unas copas y ellos bailaron.

A mí me costaba entender la situación.

Pero lo cierto es que más allá de la pena que le daba a Delia que sus padres emigraran, en el negro profundo de sus ojos había una inocultable chispa de felicidad porque la casa quedaría para nosotros dos.

Yo nunca había pasado una noche completa con una mujer…

A mi miedo lo contenía diciéndole que brindarle soporte humano a una militante revolucionaria como Delia, me asociaba aunque fuera en una minima parte a la Gran Gesta.

Aunque mi miedo y yo sabíamos que lo que me hacía quedar con ella no era su fervor ideológico sino su “fervor erótico”. En todo caso ambos eran “fervores” hasta entonces desconocidos para mí.

Sin embargo no estuve con ella cuando se fueron sus padres.

El ICAIC me había encomendado una nueva “misión” que suponía otra lección para el jovencito Subiela.

El Instituto de Cine disponía de unos “cines móviles”, montados en unos potentes camiones rusos que recorrían la isla exhibiendo cine cubano. En esos camiones además de los operadores, iba un director de cine. Todos los directores cubanos debían alguna vez integrar esas misiones. Ese aprendizaje no podía reemplazarlo ninguna escuela de cine.

Siguiendo al camión que llevaba el proyector y demás elementos técnicos necesarios , ibamos un tan jóven como yo director cubano,Manolito Perez, y yo, en un jeep Lada cuyo manejo alternábamos ambos.


Escambray,Cuba,febrero 1968- Eliseo Subiela (al volante) y Manolito Perez-

Internándonos en las históricas Sierras del Escambray desembocamos en una población, que no era más que un puñado de bohios con familias campesinas .

Al atardecer armamos todos los equipos ante la curiosidad incontenible de los espectadores. Yo estaba muy atento a su reacción porque lo que ibamos a proyectar era un documental sobre el Che ,recientemente asesinado en Bolivia y suponía que iba a ser un momento de una emoción inolvidable.

Las primeras imágenes mostraban al Che moviendose durante el avance revolucionario en alguna zona de combate seguramente cercana a donde estábamos ahora. La reacción del público fue inmediata:

risas crecientes hasta llegar a las carcajadas previsibles en una exhibición de los Tres Chiflados.

Desconcertado lo miré a Manolito Perez.

Me explicó: “Es que es la primera vez que ven cine,sabes..”

El Che,todavía no era el Che. Era una figura humana que se movía agigantada sobre un lienzo blanco. La “imitación” de ellos mismos les causaba gracia.

Las primeras reacciones frente al cine, allá en 1887,fueron primero de miedo porque la locomotora se venía encima, y luego de risa ante la “imitación” del torpe movimiento humano.

No puedo precisar ahora cuánto tiempo de película transcurrió hasta que esa figura que se movía en la pantalla se transformó en el Che, y entonces sí, apareció la emoción, el “silencio elocuente” y al final la ovación.

Esa noche fue para mí una magistral lección sobre la naturaleza del cine y su relación con el espectador.

¿Que duda podía tener de que realmente esa Revolución estaba construyendo al hombre nuevo?

Ninguno de las personas que iba conociendo vivía en función de sí mismo.

Vivían al servicio de los demás. en pos de la construccion de una sociedad justa, de un mundo mejor, y por esa meta estaban dispuestos a entregar sus vidas,literalmente si hiciera falta.

Eran ideas preciosas, sin duda, irresistibles para un jovencito idealista y romantico como era yo en aquel entonces.

En una carta que escribí a Antonio Avila, entonces mi amigo más cercano,le decìa exultante : “He conocido a hombre mejores que yo…”

Luego de esa experiencia, me llevaron al Centro de Capacitación Pedagógica en Minas de Frio, el sitio mas alto y frío de Cuba ( creo que a 900 y pico de metros) en plena Sierra Maestra.

Fué un ascenso muy escarpado y solo posible con la doble tracción del jeep ruso. A medida que ascendíamos nubes bajas se interponían en el camino.

La escuela formadora de maestros cubanos estaba entre las nubes.

Esa es la imagen que me ha quedado. Jovencitos provenientes de todas partes de Cuba apareciendo y desapareciendo entre las nubes, preparándose para transformar a Cuba en el único país de America sin analfabetos.

No era fácil estar en el lugar menos “caribeño” de Cuba. Quizás la reaparición del frío y la sensación de distancia inconmensurable que daba el estar “entre las nubes” reavivaron algunos vestigios de angustia en mí.

Fué solo una “señal de alarma”, un aviso de que la experiencia cubana no me había librado totalmente de mis zonas más brumosas,heredadas de papá melancolía gallega, y de mamá soledad pampeana.

Pero sin duda ya estaba en mejores condiciones que en Paris para enfrentar esas zonas oscuras. En la biblioteca del Centro encontré “Contra la muerte”, un libro del poeta chileno Gonzalo Rojas. Debería releerlo ahora para tratar de descubrir qué hay en ese libro que me arrebató de la negrura y me devolvió a un estado de conciencia luminosa que me permitió de ahí en más no perderme un instante de la increíble experiencia que estaba viviendo.

Esa lectura, y la de “Cien años de soledad” en los días posteriores a la muerte de papá, son las dos ocasiones en las que más claramente la literatura me dió consuelo y curó mi alma.

De cualquier manera,gracias al "Compañero" Dios, una mañana que a mí me pareció menos brumosa que nunca, emprendimos el descenso, hacia La Habana, hacia el mar, hacia la recuperación de los mojitos, hacia la tibieza caribeña, hacia Delia.

Sus padres ya se habían ido.

Delia estaba sola ante el mundo, con sus 20 años, con su Revolución. Y con su casona en el barrio de Miramar.

Muchas de esas casas fueron expropiadas por el gobierno y hoy son residencias de embajadas u organismos oficiales.

Pero en enero de 1968 la casa de Delia era el “decorado” donde dos veiteañeros temblaban juntos, solos en el mundo por primera vez.

Algunas noches Delia me despertaba para preguntarme: “Oyes esos ruidos…? ”…Para enseguida tranquilizarse diciendo: “Deben ser ratoncicos”…

Yo me iba de la casona por la mañana muy temprano. Volvía al Habana Libre y desayunaba allí fingiendo haber pasado la noche en mi habitación del hotel.

Cierta tarde ,Alfredo Guevara me puso una mano en un hombro y anunció el final de la aventura: “… Eliseo,llevas aquí dos meses. Si quieres quedarte a vivir en Cuba, quédate. Pero debes tomar la decisión...”

Yo no quería quedarme a vivir en Cuba. Mi vieja me estaba esperando en el barrio de Palermo.

Aunque había sido advertida de que mientras estuviera en Cuba no tendría noticias mías para evitar que también las tuviera el General Onganía, me la imaginaba triste y muy sola.

Cuando volví tambien supe que había estado muy preocupada porque su hermana, mi madrina, le había manifestado su temor de que los comunistas me hicieran “ un lavado de cerebro”.

A mí siempre me había hecho gracia la expresión “lavado de cerebro”. Me imaginaba la tarea de higienizar un cerebro “sucio”.

Entonces, si lo lavaban, que tendría eso de malo?

En todo caso, conmigo el operativo había tenido éxito,cosa que alarmó mucho a mi madre.

Esa última mañana antes de salir para el aeropuerto, Delia apareció con una muñequita de su infancia, que todavía conservo. (Ver foto al comienzo)

Le había confeccionado un vestido con los colores y el diseño de la bandera cubana.

Debajo del gorro frigio, la cabellera morena de la muñeca era un mechón de su pelo.

Después que nos dimos el último abrazo, me miró con los ojos llenos de lágrimas y soltó un doloroso, profundo,resignado... “Coño…”

Pasaron los años. Sin noticia alguna de Delia.

En 1987 volví a Cuba para participar en el Festival de Cine de La Habana con “Hombre mirando al sudeste” .

Una compañera de la delegación argentina,la actriz Ana María Piccio, en un momento me preguntó: “Vos tenés miedo en Cuba,nó? ”…

Miedo?,pregunté sorprendido.

“Estás todo el tiempo mirando para todos lados, como si temieras que te estuvieran vigilando…”

Yo miraba “para todos lados” buscando a Delia.

Le conté la historia. Emocionada me conminó:” Te vás yá al hotel,agarrás la guía de teléfono y la buscás…”

Yo no estaba muy seguro de si quería reencontrarla. Sabía que volver al pasado era imposible. Me pareció que elegía quedarme con la imagen de aquella Delia de 20 años, y no arriesgar el recuerdo cotejándolo con la Delia actual.

En mi memoria, los años la habían idealizado, haciéndola cada vez mas bella, a salvo del deterioro que el tiempo inevitablemente nos había causado a ambos.

En mí no tenía más remedio que enfrentarlo todos los días. Pero en ella podía evitar constatarlo,manteniéndola a salvo en el recuerdo.

“No seas cagón !” disparó enojada Ana María.

En la guía telefónica había más de una persona con su nombre y apellido. Pero una sola con la dirección en Miramar, y yo recordaba el barrio donde estaba su casa,

Llamé. Me atendió una mujer que sonaba mayor.

Pregunté por Delia.

Hubo un silencio incómodo.

¿Quién la busca? preguntó la mujer.

Un amigo de Argentina que hace tiempo no vé…le respondí.

Como si quisiera terminar la conversación lo antes posible, la mujer me informó:

“Delia se fué pal norte hace 4 años…” y me cortó.

Me quedé unos minutos en silencio en mi cuarto del Hotel Nacional.

El olor a mar que entraba por la ventana coincidía con mi memoria.

Los sones de la orquesta Aragón que llegaban desde planta baja ,tambien.

Lo nuevo era mi estupor al darme cuenta de que “el norte” de Cuba era Miami.

Y que 4 años atrás era la fuga de “los Marielitos”.

¿Qué había pasado para que mi idealizada militante revolucionaria siguiera los pasos de sus padres, casi veinte años después…?

Hoy Delia vive en Miami.

En 2007, mi amiga Nancy, texana y devota de las historias románticas, logró ubicarla. Obtuvo su número de teléfono.

Cuando fuí a la presentación de “Lifting de Corazón” en el Festival de Miami, pude hablar por teléfono con Delia.

No había visto la película de manera que todavía no había comprobado que el personaje central de la pelìcula se llamaba Delia, con su mismo apellido, en homenaje a su recuerdo.

Así como imaginaba los efectos del paso del tiempo en su figura, no estaba preparado para encontrarme con aquella voz con la que el tiempo parecía no haberse atrevido.

Era la misma voz del 68…

Hablamos unos minutos por teléfono.

Ella,cercana al llanto todo el tiempo.

Yo tratando de salir indemne.

Ninguno de los dos se atrevió a decir:

- Veámonos.




Con Mario Pelegrini.Paris marzo 1968


En marzo del 68 volví a Paris. Paris no era la misma.Yo no era el mismo.

En el avión viajé con Jorge Edwards,el escritor y diplomático chileno.

Me dijo, si quieres comemos esta noche y te presento a una amiga chilena.

Me la presentó. Era modelo de ls revista Vogue. Una de las mujeres más bella que yo haya conocido.

Pero eso ya es otra historia...


Silvia Rudni.Paris marzo 1968